domingo, 9 de julio de 2017

Escribando Iterado

Por Hatcher

Era uno de esos días que los sueños van a ninguna parte y la mala suerte ronda por las vidas de las personas.


martes, 4 de julio de 2017

No Abras La Libreta

No Abras La Libreta
Por Luci Carr.



Elipsis nº 5                                                                                                    30/6/2032           2:14

Finalmente puedo dormir, después de interminables noches, puedo descansar.

He estado registrando en esta libreta las últimas “Elipsis” o “Episodios”, cada noche a las 2:30 am, cuando volvía a suceder. Mis investigaciones me han llevado a suponer por algún tiempo que se trataba de un síndrome mioclónico hípnico, un fenómeno que ocurre en las etapas iniciales del sueño, cuando el sistema de activación reticular y el núcleo ventrolateral pre óptico compiten por el control del sistema motriz. Provocando una caída en sueños. La caída va seguida de una luz y un sonido fuerte, que asocié al síndrome de la cabeza explosiva. Mi sistema nervioso liberaría una dosis de adrenalina al ver que los índices vitales disminuyen a paso rápido con el fin de evitar, lo que cree que es, la muerte súbita.

Convincente, si, pero no del todo esclarecedor. Tengo anotaciones de cuatro “Elipsis”, pero estoy consciente de que ha habido más. Revisándolas he llegado a percatarme de algo que no había visto en mis anteriores estudios, he logrado encontrar patrones. La hora es uno de ellos, pero hay más.


Elipsis nº 1                                                                                                     2/6/2032      2:31 am

Volvió a suceder. Serían cerca de las doce de la noche, estaba viendo una película de época, y poco a poco comencé a caer en las manos de Morfeo. Para cuando volví a abrir los ojos, estaba todo oscuro. Pensé que estaba despierto, realmente lo pensé. Pero emergió un halo de luz desde un punto lejano. Fuerte, enceguecedor, pero acotado. Si, acotado como si estuviera cortado con papel en la distancia. Y pude ver, a mi alrededor como flotando, distintos objetos. Un diploma escolar que pasó rápido por mi derecha. El collar favorito de mi madre arrastrándose como una oruga. Una máquina de escribir… se quedó detenida frente a mi, flotando como lo demás, pero sin ir a ningún lado, aunque sabía que había palpitado vida. Intenté alcanzarla, y ahí fue cuando comenzó. Objetos salieron de la nada como lanzados en mi dirección, no me podía mover, estaba atrapado como en arenas movedizas, y la máquina comenzó a dibujar formas oscuras, un árbol, un cohete, un hombre.

Entonces un halo de luz me cegó, sentí que me arrollaba un cohete, eso fue lo que sentí. Y desperté.




Elipsis nº 2                                                                                                 10/6/2032     2:42 am

No pensé que volvería  a pasar, es más, casi no recuerdo que tengo esta libreta en el velador.

Llegué a mi casa a las once de la noche, estaba cansado, pero tenía que estudiar así que tomé una taza de café y fui al escritorio. Creo que entre la página 132 y 137 debe haber vencido el letargo. Cuando abrí los ojos estaba en la calle. Caminé un poco, el cielo estaba de un celeste profundo, corría una leve brisa. ¿Qué era ese lugar? ¿por qué estaba ahí? Escuché un sonido suave, había un árbol a mi derecha. Mi primera reacción fue correr, no se por qué, pero pronto entendí que las reglas del juego no eran esas, era un sueño y no podía correr. Sentí pánico, había una casa detrás del árbol, a la derecha nada, detrás, no había autos en la calle, ni personas, ni pasos. Escuché el sonido de nuevo, ahora sabía el origen, miré arriba mío…. Había un gatito atrapado en el árbol, un gatito, que estaba dibujado en el árbol, parecía un dibujo para niños pero eso hacía mucho sentido. Ahora lo recuerdo, lo recuerdo bien, esa calle, el barrio de mi infancia… ¿por qué empezaba a correr el viento así? ¿se nubló? ¿cuándo? ¿dónde está Yellow? ¿qué hace esa sombra detrás del árbol?

Vi la luz, escuché el horrible chirrido y sentí la caída. Y ahora estoy aquí.



Elipsis nº 3                                                                                                 11/6/2032     2:31 am

15 minutos con 30 segundos, despierto: 2:30:30

He estado buscando información sobre estos episodios, he decidido llamarlos “Elipsis” porque son como un corte mientras duermo.  Paso algún tiempo últimamente en la biblioteca buscando libros de Onirología y Psicoanálisis. Creo que estoy entendiendo mejor.

Hoy de hecho logré cronometrar la Elipsis, he atado un cordel a mi brazo y a la manecilla de un cronómetro, de tal forma que si mi brazo caía se activaría el dispositivo. Intenté no dormir, tomé cerca de siete tazas de café y puse fuerte la radio. El cronómetro indica que me dormí a las 2:15 am, desperté a las 2:30:30.

Esta vez abrí los ojos en un lugar que me pareció el fondo del océano, digo creo porque había pájaros y peces. Y podía flotar. Como había planeado durante el día miré a mi alrededor, estaba rodeado de un azul oscuro como compuesto por capas de tul. Estaba decidido a no tocar nada ni intentar correr, ver si duraba más tiempo en ocurrir la Elipsis de ese modo. Al principio pasaban peces y pájaros “conocidos” a mi lado. Un grupo grande de peces payaso me rodearon y bailaron alrededor, palomas nadaban entre las algas, y las algas, eran algas. Entonces, comenzó. Empecé a notar que los ojos de los peces comenzaban a hincharse, y creí ver sonrisas en sus rostros. Giraban cada vez más rápido, su cabello naranja me rozaba los codos. Las palomas se volvieron sombras, cuervos. Y sentí pasos, por primera vez, sentí pasos, un ruido en el fondo del mar. Una silueta recortada en las olas.

Luego sentí que el sol me atropellaba y caía, si es que es posible, desde el fondo del océano hasta mi habitación.



Elipsis nº 4                                                                                                 22/6/2032     2:31 am

He empezado a notar que la gente me mira raro, se que me miran cuando estoy detenido mirando el reloj cambiar de hora por una hora hasta que lo logra o cuando sonrío al espacio a través de ellos, o hablo con Yellow. Lo último como excusa, claramente, para encontrarme más desquiciado, todos hablan con sus mascotas.

Hoy ha vuelto a ocurrir, no registré nada esta semana porque me pareció sin sentido, todos los días es lo mismo, creo que podría buscar ayuda.

Ya no quiero dormir, no si eso vuelve a pasar. Pero hoy no pude evitarlo. Me dormí. Y me extrañaba.  Cuando abrí los ojos estaba estampado en alguna especie de objeto, se que era una dimensión distinta, esta es la primera vez en que me lleva a su dimensión. Estaba oscuro hasta que salió una luz desde la distancia. El objeto flotaba, y aproveché de ver si podía caminar. Si podía, así que intenté ver de qué se trataba, qué lugar era ese. Mis intentos se vieron pronto frustrados por el temblor que comenzó en la estructura, algo surgía de ella y parecía papel. Y en el papel estaba él.

El rayo de luz me sofocó y caí al precipicio, despertando en esta dimensión a las 2:30:30, como todas las noches.   




Elipsis nº 5                                                                                                30/6/2032           2:14

Finalmente puedo dormir, después de interminables noches, puedo descansar (…)

Creo que puedo solucionarlo por mi cuenta, no se si me deje en realidad, pero debo hacer un trueque. Está todo listo, volveré a dormir y haré el intercambio, quizás así me deje en paz. Si algo llega a sucederme quiero que tires esta libreta y no leas las Elipsis primeras, por eso adjunto esta al principio, creo que puede ser contagioso, verás, en realidad él provoca todo esto, él vivía en esta libreta, quiere volver pero para eso…. Espera, escuché un ruido cerca… Está aquí, hay una sombra tras la puerta. 






domingo, 2 de julio de 2017

Un joven al que conocí

Por Pablo Rolle C.

Llegó un día un joven de no más de treinta años, tenía el aspecto de un abogado que quiere que esté todo perfectamente ordenado, su pelo era extrañamente blanco y ni un cabello se revelaba a su peinado, el traje, de color negro, no tenía ni una arruga y sus zapatos brillaban como si estuvieran recién lustrados. Su piel era pálida, hacía días que no salía a ver la luz del sol, pero no tenía arrugas, lunares ni espinilla alguna, semejaba un claro cubierto de nieve.

Lo conocí teniendo quince años, llegó buscando a mi abuelo, tenía que cobrar no se que deuda con alguien en no recuerdo donde. Mi abuelo lo acompañó dócilmente, se despidió de la familia con lágrimas en los ojos. En ese entonces no sabía que él no volvería.

Lo volví a ver a cuando cumplí veinticinco años. Se presentó en la puerta de mi casa buscando a mi madre. Le mentí diciendo que no estaba en ese momento, que volviera otro día, mi madre estaba muy enferma y no quería que nadie la viera. El se mostró comprensivo pero dijo que volvería, yo, aprovechado el momento, le pregunté por mi abuelo, él se mantuvo en silencio y se fue. Al día siguiente volvió a aparecer, y como el día anterior, lo persuadí para que se fuera, le pregunté nuevamente por mi abuelo, pero no dijo nada y se fue. Se repitió esta situación varios días, hasta que un día le deje entrar y lo llevé junto a mi madre, conversaron largo rato. Cuando acabaron de hablar, mi madre me dijo que tenía que irse, que no llorase pues no era algo malo, y que nos volveríamos a ver. Sabía que no era verdad, pero aún así los dejé marcharse juntos, ese era el deseo de mi madre.

Apareció una tercera vez mi vida. Esta vez tenía cincuenta años, estaba casado, tenía un hijo de veinte y una bebé de dos meses. Llegó furtivo, de noche, entró silencioso en la casa, tan ligero como el viento, cuando me percate de su intrusión el se estaba yendo, llevaba a la bebé en sus brazos pero ya estaba muy lejos. No fue solo mi hogar el desafortunado, también pasó por otras casas, igualmente silencioso y veloz. Esa noche fue la noche más helada alguna vez documentada en la ciudad.

La cuarta vez que le ví vino buscándome a mí, tenía noventa años y esperaba su visita. Yo estaba viejo y arrugado, sin embargo él se veía joven, jovial, sin ningún cambio, y parecía casi angelical. Con lágrimas en los ojos me pidió perdón, le pregunté por mi abuelo, mi madre y mi hija, el me aseguro que estaban a salvo, esperándome en otro lado.

Accedí a acompañarlo y mientras caminábamos él decía:

Todos lo conocemos
O llegaremos a conocer,
Al ser que en día o noche
A la gente lleva con él.

Aborrecemos su llegada
Cuando busca a otros,
A los que aleja de nosotros
Dejándonos solos.

A lo largo de la vida
Se generan diversas reacciones,
Odio, tristeza y desesperación,
Consentimiento, paz y comprensión.

El solo cumple con su trabajo,
Con lo que le fue ordenado,
“Busca a quienes don Tiempo
Ya no quiere en su templo”

Se los lleva a un juicio
Donde se decidirá,
Si fueron seres de virtud o vicio,
Y el juez dictará el regalo o el castigo.

Algunos, inútilmente, intentan huir,
Cuando ven que el hombre está por venir.
Pues saben que si los encuentra,
Los harán sufrir.

Más hay quienes le reciben,
Con sonrisas, té y galletas,
Pues saben que es perceptible
De la bondad y las buenas ofrendas.