Annie estaba totalmente exaltada aquel
día ¡Por primera vez en su vida volaría en avión! Era algo que había
soñado muchas veces, pero que jamás había vivido. Y ahora como regalo de
cumpleaños por sus cinco años, mamá había comprado pasajes para ir a
visitar a abuelita. Para un día tan importante, había que vestir acorde a
la ocasión, y para esto decidió usar su vestido naranjo. Este vestido
lo ocupaba exclusivamente para oportunidades importantes, ya que el
naranjo era por lejos su color favorito. En su maletita, naranja por
supuesto, empacó todas las cosas importantes que deberían acompañarla en
esta aventura. La mantita que le había tejido abuelita, su libro
favorito de “Peter Rabbit”, lápices de colores y su cuaderno para
colorear dibujos, entre otros. Cuando estaba todo listo cogió a Charlie,
su oso de felpa que la acompañaba a todas partes y partieron. Papá
cargó el auto con todo lo indispensable y fueron rumbo a este esperado
viaje.
Annie jamás había estado en un aeropuerto y este
lugar le sorprendió muchísimo. Se vio sumergida en un mundo de lo más
variado de personas. Era tal la multitud, que tuvo que agarrar muy
fuerte la mano de papá para no perderse. La enorme cantidad de gente y
su gran diversidad, le daban la impresión de estar en otro universo.
La
fila para dejar el equipaje le pareció durar una eternidad y Annie
sentía que no podía dominar sus ansias, dando saltitos constantemente y
apretando fuertemente a Charlie contra sí, algo nerviosa porque pasara
algo que les impidiera viajar. Cuando fue su turno, la encargada de
recibir el equipaje fue muy amable con la pequeña y le sonrió dulcemente
cuando esta, algo inquieta, pesó su maletita naranja, para luego
suspirar aliviada al comprobar que no excedía el límite de peso. Luego
de otros pasos rutinarios, pasaron a la sala de embarque, donde la
familia esperó pacientemente para poder ingresar al vuelo. Cuando por
fin terminó la larga fila que se había formado para el embarque, Annie
se encontraba jubilosa. El asiento que le había tocado, el 34 A, estaba
justo junto a la ventana ¡Podría verlo todo! Se instalaron en los
asientos y comenzó el viaje. El despegue fue algo violento y se puso
algo tensa, pero una vez que todo eso pasó, ya más tranquila empezó a
disfrutar del vuelo. Se acomodó bien en su asiento, con el cinturón de
seguridad bien apretado, y descubrió que este era reclinable. Luego de
jugar un rato con eso, vio unas revistas que se encontraban frente a
ella en el asiento de adelante y se entretuvo un rato con ellas. Una
azafata le dio a todos los niños que viajaban, una bolsita con un
librito para colorear y lápices. También trajeron luego de unos momentos
algo para comer, dándole dos opciones para elegir, de las cuales
escogió lasaña, que venía acompañada de jugo de naranja, un pan con
mantequilla para untar y como postre flan de caramelo. Annie no cabía en
su felicidad. El tiempo transcurría gratamente, mamá leía y papá dormía
roncando suavemente, lo que le ocasionó algo de risa. Inquieta, se
levantó varias veces con la excusa de ir al baño para conocerlo todo,
siempre acompañada de Charlie. Estando ya más tranquila, comenzó a
examinar la bolsita que le había entregado la azafata y a jugar con su
contenido.
Todo iba de maravilla, hasta que de pronto
empezó a sospechar que algo raro pasaba. Habían anunciado algo por el
alto parlante, pero ella no había atendido a lo que habían dicho,
se encontraba muy concentrada en pintar un pequeño avioncito, que tenía
ojos y le sonreía. Mamá tomó muy fuerte de su mano y su rostro puso
pálido. De pronto en el avión quedó en un silencio sepulcral y cuando
Annie le quiso preguntar a mamá que estaba sucediendo, esta colocó su
dedo sobre su boca y la abrazó con fuerza, papá parecía asustado. Estaba
confundida ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué mamá, papá y todos se
comportaban así? Procuró quedarse callada, inmóvil, pero muy abrazada a
mamá y también aferrada a Charlie. La tensión era cada vez más palpable
en el ambiente, estaba asustada. En medio del silencio de pronto un
niño comenzó a sollozar, mientras su madre hacia todo lo posible por
calmarlo y Annie deseó hacer lo mismo. Pero ella era una niña grande y
las niñas grandes no lloraban. Se asomó por la ventana y comprobó que
estaban a una altura demasiado baja para lo que ella consideraba lo
normal. Estaban levemente por encima de los rascacielos de una enorme
ciudad. Esto le pareció raro y comenzó a sentir temor. Algo malo iba a
pasar, intuía. Miró a su madre y comprobó que sus ojos estaban llenos de
lagrimas, papá parecía aterrorizado, nunca los había visto así. Volvió a
mirar por la ventana y sus ojos se abrieron como platos. Ahí descubrió
cual sería el destino…
Lo que siguió fue un ruido
estruendoso, un choque brusco, muchos gritos, una explosión y luego todo
negro… Annie sola, sin Charlie, ni papá y mamá…
un túnel muy oscuro… y una tenue luz blanca al final…