Por Hatcher
Con la delicadeza que solo una mujer le puede dar, las cinco pintábamos de color carmesí la mesa.
Los hombres hacían el otro trabajo, ellos traían los cubiertos y los vasos para nuestro encuentro.
Y todos reunidos aqui para observar las gotas de sangre que quedaron de la obra de arte que el cuerpo sin vida nos dejó.
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