jueves, 8 de junio de 2017

Incendio

“¡Salgan de la casa!” gritó Mena, “¡venga a ver!”. Dejé el serrucho y el listón de madera a medio cortar y me encaminé a la puerta. “¿Ven eso?! Preguntó señalando una fumarola, a no más de tres casas de la nuestra. Los altos árboles, que crecían en la ladera del cerro en el que nos encontrábamos, hacía difícil ver incluso la casa del vecino. “¿Qué estará pasando?” preguntó Fran. “Es mucho humo para ser un asado” contesté. Le preguntamos a la dueña de la casa que estábamos reparando si sabía qué era ese humo. Echó un vistazo por la ventana e instantáneamente gritó “¡Fuego!”. Los cinco del grupo quedamos sorprendidos y no demoramos en salir a la calle. Los grupos de las casas aledañas también habían salido a ver qué ocurría.

Unos minutos después, llegó Férez, el jefe de los trabajos. “Cabros, es un incendio. Los bomberos vienen en camino. Por mientras, vamos a hacer una cadena para pasar agua, a ver si alcanzamos a hacer algo. Los otros jefes están tirando arena para que no llegue a la casa de la señora Lucía. El Incendio parece que partió en su patio.” Inmediatamente todos comenzamos a correr para formar la cadena. Me ubiqué relativamente cerca de la casa, para poder arrojar los bidones llenos de agua.

El calor era abrumador, detrás de la casa se podía ver cómo se alzaba una llamarada anaranjada. Los jefes que echaban arena comenzaron a retroceder, el fuego crecía. Férez gritó para que saliéramos de ahí, así que en pocos segundos tiramos el agua que quedaba y nos retiramos. La señora Lucía lloraba de rodillas viendo cómo años de esfuerzo estaban a unos metros de ser envueltos por el manto anaranjado, aquél que tiñe todo de negro. De pronto, algo ocurrió. Algo que tiene explicación, pero el momento, la coincidencia, lo hace inexplicable: el viento cambió de dirección. El fuego dejó de avanzar y tomó el rumbo de la nueva corriente de aire, dirigiéndose a una ladera inhabitada.

Luego de unos minutos, todos estaban más tranquilos, menos yo. Mi grupo estaba incompleto. Faltaba el Casti. Gritamos cuanto pudimos, aunque nuestra voz se gastó seguimos gritando. Luego de un buen rato buscando y gritando, apareció junto con dos jefes. Habían bajado el cerro, a la zona de seguridad. Me lancé abrazar al Casti. Ahora podía estar tranquilo. Los bomberos habían llegado. Todos los integrantes de los trabajos miramos como el atardecer absorbió lo que quedaba del incendio y su color.


1 comentario:

  1. Te celebro:
    -La idea la encontré curiosa, interesante.
    -Me gustó el manejo de la tensión, sentí estrés, pero contenido, mesurado, interesante como te quedó.
    -Me gustó la forma en que narraste cómo la casa se salvó. Esa frase para mí representa una característica de tu forma de escribir, de esa voz que tienes en los cuentos: "De pronto, algo ocurrió. Algo que tiene explicación, pero el momento, la coincidencia, lo hace inexplicable: el viento cambió de dirección."
    -Preciosa esta frase: "a unos metros de ser envueltos por el manto anaranjado, aquél que tiñe todo de negro."
    -Bonita la frase del cierre.

    Te sugeriría:
    -Apurar un poco más la acción. Yo prefiero partir el relato sin entender nada, en el medio de una acción, pero ya en la adrenalina del meollo, a consumir letras innecesarias o sin alma para llegar lentamente a lo que importa.
    -Prefiero que no pongas título a que pongas eso, jejeje!

    *Al margen: Me llama mucho que es realmente complicado enganchar al lector con una historia "feliz". Una posible justificación es la atracción por el morbo, pero otra es que en historias relajadas no se siente la pasión, el rollo.

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