domingo, 11 de junio de 2017

El primer vuelo

Annie estaba totalmente exaltada aquel día ¡Por primera vez en su vida volaría en avión! Era algo que había soñado muchas veces, pero que jamás había vivido. Y ahora como regalo de cumpleaños por sus cinco años, mamá había comprado pasajes para ir a visitar a abuelita. Para un día tan importante, había que vestir acorde a la ocasión, y para esto decidió usar su vestido naranjo. Este vestido lo ocupaba exclusivamente para oportunidades importantes, ya que el naranjo era por lejos su color favorito. En su maletita, naranja por supuesto, empacó todas las cosas importantes que deberían acompañarla en esta aventura. La mantita que le había tejido abuelita, su libro favorito de “Peter Rabbit”, lápices de colores y su cuaderno para colorear dibujos, entre otros. Cuando estaba todo listo cogió a Charlie, su oso de felpa que la acompañaba a todas partes y partieron. Papá cargó el auto con todo lo indispensable y fueron rumbo a este esperado viaje.

Annie jamás había estado en un aeropuerto y este lugar le sorprendió muchísimo. Se vio sumergida en un mundo de lo más variado de personas. Era tal la multitud, que tuvo que agarrar muy fuerte la mano de papá para no perderse. La enorme cantidad de gente y su gran diversidad, le daban la impresión de estar en otro universo.

La fila para dejar el equipaje le pareció durar una eternidad y Annie sentía que no podía dominar sus ansias, dando saltitos constantemente y apretando fuertemente a Charlie contra sí, algo nerviosa porque pasara algo que les impidiera viajar. Cuando fue su turno, la encargada de recibir el equipaje fue muy amable con la pequeña y le sonrió dulcemente cuando esta, algo inquieta, pesó su maletita naranja, para luego suspirar aliviada al comprobar que no excedía el límite de peso. Luego de otros pasos rutinarios, pasaron a la sala de embarque, donde la familia esperó pacientemente para poder ingresar al vuelo. Cuando por fin terminó la larga fila que se había formado para el embarque, Annie se encontraba jubilosa. El asiento que le había tocado, el 34 A, estaba justo junto a la ventana ¡Podría verlo todo! Se instalaron en los asientos y comenzó el viaje. El despegue fue algo violento y se puso algo tensa, pero una vez que todo eso pasó, ya más tranquila empezó a disfrutar del vuelo. Se acomodó bien en su asiento, con el cinturón de seguridad bien apretado, y descubrió que este era reclinable. Luego de jugar un rato con eso, vio unas revistas que se encontraban frente a ella en el asiento de adelante y se entretuvo un rato con ellas. Una azafata le dio a todos los niños que viajaban, una bolsita con un librito para colorear y lápices. También trajeron luego de unos momentos algo para comer, dándole dos opciones para elegir, de las cuales escogió lasaña, que venía acompañada de jugo de naranja, un pan con mantequilla para untar y como postre flan de caramelo. Annie no cabía en su felicidad. El tiempo transcurría gratamente, mamá leía y papá dormía roncando suavemente, lo que le ocasionó algo de risa. Inquieta, se levantó varias veces con la excusa de ir al baño para conocerlo todo, siempre acompañada de Charlie. Estando ya más tranquila, comenzó a examinar la bolsita que le había entregado la azafata y a jugar con su contenido.

Todo iba de maravilla, hasta que de pronto empezó a sospechar que algo raro pasaba. Habían anunciado algo por el alto parlante, pero ella no había atendido a lo que habían dicho, se encontraba muy concentrada en pintar un pequeño avioncito, que tenía ojos y le sonreía. Mamá tomó muy fuerte de su mano y su rostro puso pálido. De pronto en el avión quedó en un silencio sepulcral y cuando Annie le quiso preguntar a mamá que estaba sucediendo, esta colocó su dedo sobre su boca y la abrazó con fuerza, papá parecía asustado. Estaba confundida ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué mamá, papá y todos se comportaban así? Procuró quedarse callada, inmóvil, pero muy abrazada a mamá y también aferrada a Charlie. La tensión era cada vez más palpable en el ambiente, estaba asustada. En medio del silencio de pronto un niño comenzó a sollozar, mientras su madre hacia todo lo posible por calmarlo y Annie deseó hacer lo mismo. Pero ella era una niña grande y las niñas grandes no lloraban. Se asomó por la ventana y comprobó que estaban a una altura demasiado baja para lo que ella consideraba lo normal. Estaban levemente por encima de los rascacielos de una enorme ciudad. Esto le pareció raro y comenzó a sentir temor. Algo malo iba a pasar, intuía. Miró a su madre y comprobó que sus ojos estaban llenos de lagrimas, papá parecía aterrorizado, nunca los había visto así. Volvió a mirar por la ventana y sus ojos se abrieron como platos. Ahí descubrió cual sería el destino…

Lo que siguió fue un ruido estruendoso, un choque brusco, muchos gritos, una explosión y luego todo negro… Annie sola, sin Charlie, ni papá y mamá…
un túnel muy oscuro… y una tenue luz blanca al final…


1 comentario:

  1. Wow, realmente no me esperaba un cuento así de sí, o con ese cierre. Me gusta que hayas probado algo diferente.
    El manejo de la tensión estuvo excelente.

    Creo que si lees en voz alta los primeros párrafos, quizás coincidas conmigo en que la voz "ita" y de niña del personaje es demasiado reiterado y exagerado en el primer párrafo, habría que mesurarla. De forma espontánea lo has dosificado desde la mitad hacia abajo, falta revisar el inicio.

    Sobre el final, yo sugeriría dejar hasta "sin Charlie, ni mamá y papá".

    :)

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