Por Hatcher
Las noches que anteriores ambos estábamos con insomnio. Este no se había detenido y él me lo comentó. A mi parecer no es lo único que no ha desaparecido. No ha podido recordar por su vejez cuando comenzó a olvidar, sin embargo aún recordaba su falta de sueño de la noche anterior. En mis tiempos de ocio solía ir a la bodega para hurgar entre sus diarios de vida, tenía que investigar que historias alucinantes se abstenía de contar por su enfermedad.
Se ganaba la vida fotografiando, comenzó de muy joven antes de la primera guerra mundial al lado de esa corriente de agua importante que está en Londres inmortalizando momentos de turistas y señoras. Hay un sin fin de sus fotografías en cajas de objetos personales en bodegas de el asilo. Como es reglamento, el día de su llegada debíamos revisar cada una de esas cajas para permitir el ingreso de estas en la casa de retiro. Al mirar los momentos congelados que una persona era capaz de inmortalizar sin dudarlo me guardé una imagen muy especial en el bolsillo, parecía no tener tanta importancia, ya que hasta el fondo de la imagen no se veía en armonía con nuestra modelo. Entre los momentos detenidos en el tiempo se encontraban varios diarios encuadernados de cuero negro.
Al llegar esa noche a mi habitación, coloqué el momento robado en mi espejo para observarla y escribir posteriormente respecto de ella.
El día siguiente me desperté con el sueño en mi cabeza, vi a la señorita que probablemente ahora esté casada o difunta, y le grité "¡disculpa!" y tomé la fotografía. Un sueño cualquiera dirás tú, si eres un simple lector. Cuando me coloque mi ropa para trabajar y me encaminaba a la habitación de mi nuevo inquilino, note que estaba hablando de sus fotografías con su nuevo vecino, sacó su caja y se las mostraba como un niño muestra sus tarjetas de pokémon a sus amigos. Me fui y después de una hora escuché unos gritos de la habitación. Corrí para descubrir que mi personaje había cambiado de papel, volvió mi paciente a su habitación. Me coloqué frente a él y le pregunté qué ocurría, me llamó Annabell ,un nombre que no calza con mi color de piel pero de todos modos le respondí como si yo fuera Annabell, no lograba encontrar su camisa para salir a bailar esta noche. Le dije que lo ayudaría pero que primero debía ir a comer para estar listo para el baile.
Estas situaciones se repetían a diario, y cada vez se fueron haciendo más frecuentes. Años pasaron, y yo seguía con mi momento robado en mi espejo esperando ser inmortalizado en palabras, me atormentaba solamente en los peores días de mi personaje. Hasta que un día decidí colocarla en mi bolsillo e ir a la habitación 213 a preguntarle la historia de esta fotografía. Yo iba con tal determinación que si no me llamaba por mi nombre de todos modos le preguntaría. Le mostré la fotografía y me dijo: "Annabell, ¿qué haces con esa foto?". Perece que no debía tenerla, pero el continúo: "sabes que queme la de tamaño grande por las pesadillas y ahora tu me traes la original. Estuviste mirando entre mis cosas ¿no es así?, dámela." Me arrebató la imagen y la rompió en cuatro pedazos que agarré del suelo y guarde sin que se diera cuenta en mi bolsillo. Esta historia era mejor de lo que imaginaba, me sentía como Oscar Wild más homosexual que nunca tratando de escribir sobre mi Dorian Gray. Corrí a mi habitación, pegué los cuatro pedazos y me senté frente a mi libreta y junté mi punta de lápiz con la hoja. No me detuve hasta que escuché los once cú cús del reloj. Era hora de ir a dormir o mañana no estaría de buenas.
No pude dormir. No estuve de buenas. Hice todos mis deberes y me fui a dormir una siesta que solo disfruté 10 minutos por que mi paciente de Alzheimer necesitaba de mi atención. Me comentó que no pudo dormir y si le podíamos dar algo para dormir. Parecía burundanga ya que durmió plácidamente después de unos segundos. Ahora quedaba yo. Esperé que mi turno terminara y volví a mi habitación. Traté de dormir nuevamente y no pude. Subí para ver que mi paciente estuviera durmiendo pero al igual que yo, no lo estaba. Lo miré y el me miró, dijo que no podía dormir y no sabría si podría. De un minuto a otro cambio repentinamente y me llamó Annabell, y me culpó de su insomnio por aquella imagen estúpida.
Siendo las 4am, traté de sacarle información, solo descubrí que el estaba más chiflado contando de un mundo de brujas que te hechizaban con la mirada, y que siempre que la miraba hasta no olvidarla le arrebataba el sueño. No quise creer y me arrepentí ya que los días que siguieron mi cuerpo me pedía drogas para poder dormir y mi rostro se veía más zombie que nunca.
El día siguiente subí a la habitación de mi colega en el insomnio para revisar como iba y me encontré con que su alma había desaparecido mientras dormía.
Nunca tuve mi final, jamás escuché la verdadera historia ni la encontré entre los diarios, sin embargo mi Dorian Gray y su historia yacen en un cajón oculta para aquellos ojos que quieren dormir.
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