Por Pablo Rolle C.
El día en que nació, su abuelo plantó un manzano siguiendo la tradición familiar, la cual se remontaba hasta 1812. Un día, a finales del icónico año, Bernardo O´Higgins salió al mercado a comprar manzanas, en el camino de vuelta tropezó con un anciano pobre al cual decidió regalarle un par de manzanas y semillas para que las plantara. El anciano era su antepasado y había plantado las semillas el día del nacimiento de su nieto.
Él creció junto con el árbol, ambos sanos y fuertes, cuando este fue lo suficientemente alto y resistente, comenzó a jugar en el trepando diariamente hasta su copa, midiendo cuanto demoraba y comparando la marca con la del día anterior. Pero un día se aburrió, ya no disfrutaba jugando en el manzano, y además ni siquiera le gustaban las manzanas, por lo que decidió deshacerse del árbol. En su lugar, planto un naranjo, árbol novedoso, lejano a la tradición y cuyo fruto era mucho más exquisito que cualquier otro. Sin embargo este hecho destrozaría su ser.
Regó y cuidó todos los días de su nuevo árbol, para que creciese más alto y fuerte que el anterior, pero, a pesar de sus esfuerzos, éste creció chueco y seco, y era pequeño, parecía débil y enfermo, y su fruto estaba lejos de ser disfrutable. Él lloró por su naranjo, derramó sus lágrimas sobre él hasta ya no poder. Una vez hubo acabado de llorar y lamentarse, decidió deshacerse de éste árbol también. Tomó gran vuelo con el hacha y con fuerza lanzó el hachazo, pero al momento que la herramienta tocó al árbol, estalló en mil pedazos y partículas, rasguñando su cara y brazos, la sangre comenzó a salir por las heridas y a gotear sobre las raíces, asombrado vio que éstas absorbían el liquido carmesí con rapidez. Cuando cayó la última gota de sangre, luego de ser absorbida, una intensa luz naranja brilló, cegándolo de momento, retrocedió asustado y tropezó, golpeándose la cabeza contra un rama baja del árbol, para luego quedar inconsciente bajo su sombra.
Al día siguiente no le encontraron en su casa ni en ningún lugar de la ciudad, lo que sí encontraron fue un naranjo como nunca se había visto, y cuyo fruto no tenía comparación.
Me recordó tu emblemático cuento (el del gato negrísimo!, claro, cuál otro!).
ResponderEliminarCreo que tienes dos temas comunes: la observación, la vejez (o nada que ver, ya no recuerdo por qué tengo esta impresión) y estos destellos místicos e inexplicables de luces que lo cambian todo. Me gustan tus temas.
Corregiría un poco que el cuento tarda en partir, el inicio es como histórico lejano, se hace difícil entender/conectar con ese primer párrafo.
Notita: Te edité algunos acentos y detallitos, espero no te moleste (ejemplos: "cuando hubo acabado", en lugar de "acaba", el punto tras el título, cosas así)
Saluditos!