Por Kati
Junto a unas máquinas expendedoras de bebidas, un par
de ascensores con puertas que resplandecían cual piedras preciosas y un baño
con puertas de vidrio con el genérico dibujo de una figura femenina, todo lucía
tan frío, tan carente de naturaleza.
Los peatones caminan de forma rápida, salen de sus autos
dejados en el estacionamiento y se dirigen al centro comercial, pasan por este
irrelevante espacio que los lleva desde sus autos a un lugar lleno de vida,
esa atmósfera muerta en el fondo guarda secretos que nadie espera.
Eran las 7 de la tarde cuando Laura, quien después de una
extenuante jornada, debía ir a abastecerse de su placer favorito: Cigarros. Le
esperaba una noche larga de estudio, así que después de clases se dirigió al
centro comercial más cercano en busca de lo que cuerpo y mente le exigían.
Estacionó el auto en la parte más lejana a la entrada, a
estas horas la gente suele ir a comprar a los supermercados o a encontrarse con
sus seres queridos en alguna cafetería, de modo que no le importó tener que
caminar un poco más de la cuenta, el tráfico y la espera que se generó mientras
intentaba hacerse lugar entre la masa de máquinas perfectamente enfiladas la
ponían de mal humor.
Cuando salió de su auto, caminó hacia el centro comercial y en el trayecto se encontró
con las tentadoras máquinas tipo vending, buscó en su bolsillo alguna moneda suelta o un
billete de esos que te sorprenden y sacan sonrisas cuando lo encuentras, pero
no. Tenía tanta sed y la boca tan seca que podía sentir el ardor en su
garganta, lo cual la puso de peor humor aún.
Resignada por la falta de cambio, camina unos pasos y se
para enfrente de las puertas de los ascensores, jamás tomaría las escaleras que
se encontraban contiguas, los años de tabaco y falta de ejercicio hacían que se
cansara más de la cuenta y retomar la vida sana era una historia para otra
ocasión, apretó el botón para llamar al elevador y esperó.
De pronto siente detrás de ella a una pareja que se acerca
discutiendo, gira levemente su cabeza y de reojo ve a una mujer, posiblemente extranjera
por el color de su piel y forma de hablar, junto a un hombre corpulento que al expresarse movía sus manos
frenéticamente. Laura asumió que era la típica pareja peleando por nimiedades
de forma que no les prestó demasiada atención. Pero desde el trato prepotente comenzó una escalada de palabras humillantes y hasta violentas, Laura
comenzó a sentir ansiedad y algo de miedo por la situación, aparte la pantalla negra superior al margen del ascensor seguía marcando el piso de arriba, por lo que decidió
alejarse y entrar al baño,
se ubicó en la entrada de este, de forma que podía escuchar lo que sucedía y
escapar en caso de que fuese necesario. Surgió en ella cierta curiosidad, y
porque no decirlo morbo, respecto a la situación que acontecía a unos pasos de
donde ella se encontraba, al parecer ninguno de los implicados en la escena
había notado siquiera su presencia.
De fondo se escuchaba un llanto suave y casi confundible con risa, al parecer se encontraban arrinconados
en la pared opuesta a los ascensores, también se oían imperceptibles murmullos que
rápidamente fueron subiendo de volumen:
- —Tú no perteneces aquí, vuelve a tú país, yo nací y he
vivido siempre en este país, MI país —Replicaba el hombre con voz rasposa y
tono amenazante
- —¡Por favor déjeme¡, se lo suplico, por favor… — Contestaba ella
- —¡Aléjate!, ya es suficiente con tanto extranjero viviendo aquí, por tú culpa el jefe me va a despedir, tú me estas quitando mi
trabajo. Ellos prefieren a la gente como tú, eres su fantasia, nada más que
eso...
De pronto Laura, comienza a entender todo, este hombre estaba intentando amedrentar a una muchacha extranjera, que
al parecer era su compañera de labores.
Al escuchar percibe el sonido de un golpe y los quejidos silenciosos de la mujer, se da
cuenta de que la situación no es algo a la ligera, de modo que se acobarda y
encierra dentro de uno de los pequeños cubículos del baño femenino. No entiende
donde está toda la gente que hace minutos se paseaba por el centro comercial y
estacionamiento.
Mientras en su mente suplicaba para que llegara un
guardia a detener la situación, saca su teléfono para llamar a la policia,
mal momento, la pantalla en absoluto negro le indica que la batería de su
teléfono estaba en 0%, se sienta en el suelo sucio del baño esperando a que
alguien ayude a la mujer. En eso escucha una serie de embestidas, las cuales se
percibían como si alguien azotara una pelota contra la pared, una y otra vez…, pero en este caso con la consecuente voz casi muda de la muchacha probablemente pidiendo por
auxilio o piedad.
Laura llora en silencio dentro del cubículo, siente un
pánico que la desconcierta, pero no es capaz de armarse de valor y detener la
situación, se considera incapaz de parar a aquel corpulento hombre o siquiera
acercarse a la salida del baño por el pánico de ser percibida. Pasan los
minutos y del estruendo inicial, el espacio se llena de silencio. Laura espera a que este se mantenga, para que pueda salir a pedir ayuda.
Con pisadas suaves y lo más silencioso posible, se asoma
por la entrada del baño, en el espacio frente a las puertas de los elevadores y
bajo la parte inferior de una escalera, encuentra una mancha líquida color
bermellón, fresca, que formaba una laguna. No había nadie, ni la muchacha, ni
el hombre.
- —¿Dónde se fueron? ¿Qué es lo que pasó? ¿La mujer sigue
viva? – Laura se increpa a sí misma.
Quizás si Laura hubiese actuado en el momento, nada de esto
hubiese ocurrido, quizás si Laura se hubiese fijado en que el pilar en donde se recostaban las máquinas expendedoras había un cartel enorme que decía : "Ascensores en reparación", esto también habría pasado, mas no habrían testigos.
Me gustó eso de "espacio lleno de vida, ese espacio muerto que...", quizás mejor no repetir espacio, pero esa intuición está bien buena.
ResponderEliminarMe gustó aquello de "...billetes que te sorprenden y te sacan sonrisas cuando los encuentras, pero no".
Jaja, tremendo aquello de "la vida sana es historia para otra ocasión", esos detallazos hacen los cuentos.
Me encantó la confidencia del personaje de que oía por curiosidad, y -bueno- por algo de morbo.
Me gusta el final porque da el final abierto de que ella puede actuar, puede ser testigo.
Un hit de tu cuento es el cartel que revelas al final, ¡excelente!
Qué bueno que me comentaste de la mancha en el piso, efectivamente ¡sí era clave en el cuento, wow!
Ahora entiendo por qué tardaste en ir al punto de encuentro, tenías una historia importante que contar. Muy bueno esto.
Sugerencias:
-Los calificativos de xenófobo, etc. no creo que sean necesarios, se sobre entiende lo que es y se ve la indignación, rechazo y temor de la observadora.
-Una cosa importante que editar es la concisión, das muchos caracteres a explicar dónde queda cada elemento; baños, máquinas, ascensores, y no sé si es tan necesario dónde está cada elemento.
-Al final donde dice "ni el hombre que la golpeaba", creo que en este caso menos es más, toma más fuerza si no repites o re-aclaras que la golpeaba. A secas, mejor algo como: No había nadie, no estaba la muchacha, no había señas del hombre.
Me alegra mucho que te haya salido este cuento, ¡potente!