Los cuatro nobles:
La ciudad Gris tenía algo tan partícular que el Ministerio de Salud tuvo que actuar en los últimos años, todo era sombrío, los edificios eran
completamente oscuros y tan altos que lograban tapar el cielo, no existían
casas sino que las personas vivían en bloques eternos de cemento con millones
de ventanas que a la distancia se veían minúsculas y que realmente lo eran, en
las habitaciones de las residencias típicas de Ciudad Gris apenas se podía ver
la luz del sol.
En las calles no existían plazas ni espacios públicos que albergaran algo de vida, era imposible encontrar árboles con hojas o flores que resistieran el crudo invierno, la atmósfera en sí era lúgubre.
Es por eso que se le administro a la población de forma permanente vacunas mensuales con una sustancia química llamada MR, la cual actuaba directamente sobre el sistema nervioso central, manteniendo a la gente en un constante modo automático, como robotizada, cada persona era tatuada con un número cual código en la parte posterior del cuello, que indicaba que este había sido vacunado con el MR, esto servía para que los policías fiscalizaran con máquinas digitales que sus vacunas estuvieran actualizadas y quién no cumpliera con ese requisito fuera exiliado inmediatamente del lugar.
En las calles no existían plazas ni espacios públicos que albergaran algo de vida, era imposible encontrar árboles con hojas o flores que resistieran el crudo invierno, la atmósfera en sí era lúgubre.
Es por eso que se le administro a la población de forma permanente vacunas mensuales con una sustancia química llamada MR, la cual actuaba directamente sobre el sistema nervioso central, manteniendo a la gente en un constante modo automático, como robotizada, cada persona era tatuada con un número cual código en la parte posterior del cuello, que indicaba que este había sido vacunado con el MR, esto servía para que los policías fiscalizaran con máquinas digitales que sus vacunas estuvieran actualizadas y quién no cumpliera con ese requisito fuera exiliado inmediatamente del lugar.
Vale decir que esta urbe era tanto el centro financiero
como político del país, todos los indicadores económicos mostraban que gracias
a ella se mantenía a flote y con números sin precedentes en la historia de la
nación. Por lo mismo era el lugar en donde más había crecido la población en
los últimos años, de modo que mucha gente dejaba atrás la vida tranquila y
amable de pueblo para mudarse a la gran Ciudad, buscando un mejor pasar
económico y profesional, pero dando en prenda parte de su alma.
En Ciudad Gris se trabajaban 15 horas diarias, de las 9
que quedaban se dedicaban menos de 4 horas para dormir, 2 para comer y 3 para
revisar el trabajo del día siguiente, todo esto permitía el MR, no existía ni
vida social ni tiempo de ocio, aparte el Invierno nunca se terminaba y esta
medida era la única forma de que la población soportara las condiciones que esta
les brindaba.
Ema a sus 20 años, fue una de las tantas jóvenes que decidió dejar todo en su primaveral pueblo
Encalada para dirigirse a Ciudad Gris, por ese entonces desconocía que ayudaría a la ruina de esta.
Se trasladó a aquel lugar con el fin único de encontrar a su hermano y traerlo a casa, él por ambición había entrado en el círculo vicioso del MR y se había convertido en un autómata, ella conocía su paradero y tenía el número de su oficina. A pesar de las quejas de sus padre y las súplicas de su madre de no ir a Ciudad Gris, ella no las tomó en cuenta y partió rumbo a su nuevo destino.
Se trasladó a aquel lugar con el fin único de encontrar a su hermano y traerlo a casa, él por ambición había entrado en el círculo vicioso del MR y se había convertido en un autómata, ella conocía su paradero y tenía el número de su oficina. A pesar de las quejas de sus padre y las súplicas de su madre de no ir a Ciudad Gris, ella no las tomó en cuenta y partió rumbo a su nuevo destino.
Al llegar a la metrópoli y vivir en ella nunca perdió su esencia, debido a que en primera instancia
jamás fue a inyectarse, lo cual era un delito y Ema lo sabía, por lo tanto se
mantenía en la clandestinidad, vivía en las afueras y mataba el tiempo trabajando
en fábricas obreras en donde había nula fiscalización por parte de la policía,
lo cual hacia menos complejo vivir en el anonimato.
Para Ema fue difícil adaptarse al contexto de ese lugar, pero las ganas por recuperar a su hermano valían la pena de vivir en tan triste ciudad, a ella le encantaban las flores, sentía dicha al oler su fresco
olor, explorar la suavidad de sus pétalos y a su vez se deleitaba con la
belleza de los botones que recién afloraban, de forma recurrente pensaba con
nostalgia en el valle en donde creció.
Ella trabajaba en una floreria en el pueblo en donde vivía, amaba la naturaleza y su pasión era tal que, al llegar a la ciudad trajo consigo varias semillas de Orquídeas, con la esperanza de que alguna diera flores en aquel negro lugar, las sembró con mucho cuidado y espero a que florecieran, eran mantenidas en su desagradable y minúsculo departamento.
Ella trabajaba en una floreria en el pueblo en donde vivía, amaba la naturaleza y su pasión era tal que, al llegar a la ciudad trajo consigo varias semillas de Orquídeas, con la esperanza de que alguna diera flores en aquel negro lugar, las sembró con mucho cuidado y espero a que florecieran, eran mantenidas en su desagradable y minúsculo departamento.
Un día decidida emprendió en la búsqueda de su hermano.
Salió por la puerta de su departamento con una bufanda que tapara la parte baja
de su nuca, tomo el autobús en dirección a un complejo de oficinas ubicadas en
el centro. Al llegar fingió ser como todo el resto, la planta baja estaba llena
de gente, la mayoría en una fila esperando en la zona de ascensores, ella se
sumó a ese lugar, estaba asustada y ansiosa de ser descubierta. Cuando por fin
llegó el momento en que podía subir, lo hizo sin mirar a nadie directamente y apretó
el número 9 del elevador.
Al bajar de este, camino por un pasillo muy angosto que daba a una enorme oficina en donde
habían cientos de personas trabajando en computadores de forma muy concentrada, sólo se escuchaban el sonido de los dedos de estos tecleando rápidamente, impresionada de lo que veía comenzó su búsqueda, intentado pasar lo más
desapercibida posible, finalmente y luego de varias vueltas lo encontró en una de las esquinas de la
sala, al acercarse a él lo notaba distinto, se encontraba más delgado y
pálido.
— Hola Sebastián —susurró Ema mientras se encogía al lado de su
escritorio
Él la mira de reojo, intenta
ignorar a su hermana mientras teclea con más fuerza
— Sebastián, sé que estas feliz aquí, pero no he
sabido nada de ti en 2 años, en casa te extrañamos mucho…
— Hola Ema, estoy muy ocupado como para atenderte —exclamó Sebastián sin realizar
absolutamente ningún gesto.
— Tienes que venir conmigo, en serio esto no está
bien, te están drogando. ¡Por favor escúchame! —suplicó su hermana
— Adiós Ema, le dijo mientras anotaba un número en
un papel y se lo entregaba.
— ¿Qué es esto? —dijo Ema.
— Por favor vete o llamaré a seguridad —susurró Sebastián
Ema se levanta resignada y camina en
dirección a los ascensores, no entiende que esta pasando, cree que su hermano
le dio su número personal, pero no está segura.
Al día siguiente no dejaba de
pensar en el papel y la visita a Sebastian, así que para distraerse se acercó a su ventana para
ver a la gente pasar, los veía a todos muy abrigados para sozegar el frío: Entre
ellos a hombres vestidos con impecables ternos de trabajo y maletines
brillantes como si hubiesen sido recién lustrados, mujeres vestidas formalmente
con sus tacones oscuros y peinados tan prolijos que parecía imposible
despeinarlas. De vez en cuando uno que otro rebelde se paseaba gritando cantos
en contra el MR entre esa selva de gente genérica apresurada por llegar a su
trabajo, pero nadie los miraba y menos los escuchaban, la policía siempre
procedía a retirar a estas personas, las cuales no estaban vacunadas y podían
contagiar con sus emociones al resto, lo cual era sumamente nocivo para la
productividad del país.
Con el pasar del tiempo comenzaron a ocurrir hechos muy
extraños en la Ciudad, el primer acontecimiento fue que singulares insectos,
parecidos a cucarachas, se asomaban por las rejas de las alcantarillas que daban a la calle, caminando estas entre el gentío, lo cual era sumamente extraño, ya que no existía ni
flora ni fauna alguna en esa zona.
Poco después comenzaron a subir lentamente las
temperaturas, y de ser un frío invierno pasó a un otoño lluvioso y muy húmedo.
Todo esto alarmó a las autoridades, debido a que su ciudad se sustentaba de su
ambiente frío y oscuro, el cual dominaba el área desde hace 20 años.
A medida que pasaba el tiempo, el clima comenzó a cambiar,
nadie entendía que ocurría, ni siquiera el Alcalde ni los científico expertos en metereología ni los
creadores del plan MR.
En ese contexto, una mañana, Ema despierta como cualquier
día, y entre las cortinas de su pequeña habitación nota un hilo de luz
entrando por su ventana, al asomarse a ella, ve que entre las nubes se
desprendía un sol radiante que iluminaba todo e incluso cegaba al mirar
fijamente, de pronto mira las macetas de sus Orquídeas y una de ellas estaba dando brotes con una pequeña flor de un color morado muy intenso.
Ema exaltada baja de su edificio y en un teléfono público
teclea el número que le dio su hermano, detrás de la línea se escucha el sonido
de espera por varios segundos hasta que contesta un hombre, era Sebastián.
— Sebastián, ¿dónde estás? Viste lo que esta
pasando, hay un sol enorme afuera, ¡¡Se terminó el invierno!!
— Hola Ema —nuevamente escucha a su hermano con un tono apático
— Por favor, juntémonos cuando salgas a comer —dijo Ema
— Yo no salgo a comer, como en mi oficina —replicó Sebastián
— Necesito vacunarme y tú me puedes hacer el
contacto para que no me exilien por haber vivido aquí sin ella, no estoy
tatuada…
— Está bien encontrémonos en el hall del edificio de mi oficina en una hora — exclamó Sebastián
y cortó el teléfono.
Ema se dirige al paradero de
bus más cercano y emprende rumbo al centro de la ciudad, se demora lo
suficiente como para tener que esperar 15 minutos a su hermano, quien llegó
puntual en su impecable traje negro.
— Sígueme, dice Ema a Sebastián mientras lo jala
del brazo hacia fuera del edificio
— ¿Ves esto? — Ema le muestra el pequeño brote de su orquídea.
— Sí lo veo, pero disculpa, en serio no tengo tiempo
para esto…
— ¡Sebastián ven! —Ema nuevamente intenta que el contemple la flor, una parte de ella creía que si sentía su perfume y apreciaba su belleza él volvería a despertar de los efectos de la apatía.
Lo retiene por unos minutos e
intenta sacarle alguna palabra, pero este sólo responde mirando sus zapatos, al final logra zafarse, pero Ema es más rápida y pone la flor en el bolsillo de su chaqueta, Sebastían corre hacia la puerta de su “infierno” y Ema queda impávida tras notar que su hermano menor ahora era un ente vacío.
Con todos estos cambios de temperatura, la ciudad dejó de
ser un punto muerto y se tuvieron que tomar varias medidas para hacer pie al
sol y a la aparición de insectos, ratas y extrañamente maleza entre los
adoquines del suelo.
A los pocos días de la aparición de este fenómeno Ema se dirigió nuevamente a la oficina de su hermano con la convicción de que la flor de Orquídea le haría recordar su infancia en el valle, iba entrando al edificio cuando se percata de un gran letrero junto a la puerta principal con la advertencia de "Zona infectada", lo ignora y entra para encontrarse con múltiples camillas y doctores en trajes blancos, cual astronáutas, atendiendo gente y guardando en bolsas a un montón de cuerpos sin vida, Ema con miedo le pregunta a una de las personas de ahí qué estaba pasando, ante lo que él replica: " Señorita, no puede estar aquí por favor aléjese del edificio".
Ignorando esto, escucha que una de las personas que estaba siendo atendida replica ante la pregunta de uno de los doctores: "No sé que pasó, después de almuerzo algunos compañeros del piso 9 comenzaron a actúar muy raro, y les aparecieron ronchas muy marcadas en los brazos, muchos de ellos sufrieron convulsiones, alucinaciones y posteriormente murieron abruptamente". Ema queda paralizada, no sabe que pensar y teme por Sebastián, dentro de su desesperación se acerca a los cuerpos tendidos en el suelo y examina entre los cadáveres, para ver si alguno de ellos corresponde a su hermano.
— Por favor que no sea él, por favor que no Sebastián no este aquí... suplicaba entre llanto e histeria.
Es en ese momento en que un hombre intenta sacarla de ahí y le dice: " Señorita, ¿qué está haciendo?, no puede estar aquí, es peligroso" e intentando tomarla del brazo para levantarla, ella lo empuja y sigue inspeccionando sin prestarle atención, hasta que un grito ensordesedor lleno el vacío de aquel lugar, ahí con su rostro más pálido que nunca, se encontraba su hermano menor Sebastián.
Un nudo en la garganta se apodero de ella y lo único que pudo hacer fue escapar de allí, horrorizada, corrío lo más rápido que pudo en dirección a ningún lugar, camino sin destino por las calles de la ciudad con tal desánimo que parecía uno de los inyectados con el MR.
En los próximos días, el edificio entero fue cayendo en una especie de virus que se propagó por toda la ciudad, los contaminados que estuvieron en la zona 0 o piso 9 fallecieron el mismo día en Sebastián recibió la flor de Ema.
La gente usaba mascarillas en la calle, porque según reportaron las autoridades se encontró en la ropa de uno de los cuerpos, una flor de Orquídea y los péritos declararon de que una persona con MR en su sistema, tenía el Sistema inmune muy bajo y ante cualquier alérgeno, como puede ser una flor, pasto, árboles, etc entraba en shock anafiláctico o hipersensibilidad ante esa sustancia. Por eso la vida y naturaleza no eran permitidos en Ciudad Gris.
En el edificio donde vivía Ema sucedió lo mismo, no quedaba duda de que el perfume de la flor que ella con tanto anhelo sembró mató a cientos.
Ignorando esto, escucha que una de las personas que estaba siendo atendida replica ante la pregunta de uno de los doctores: "No sé que pasó, después de almuerzo algunos compañeros del piso 9 comenzaron a actúar muy raro, y les aparecieron ronchas muy marcadas en los brazos, muchos de ellos sufrieron convulsiones, alucinaciones y posteriormente murieron abruptamente". Ema queda paralizada, no sabe que pensar y teme por Sebastián, dentro de su desesperación se acerca a los cuerpos tendidos en el suelo y examina entre los cadáveres, para ver si alguno de ellos corresponde a su hermano.
— Por favor que no sea él, por favor que no Sebastián no este aquí... suplicaba entre llanto e histeria.
Es en ese momento en que un hombre intenta sacarla de ahí y le dice: " Señorita, ¿qué está haciendo?, no puede estar aquí, es peligroso" e intentando tomarla del brazo para levantarla, ella lo empuja y sigue inspeccionando sin prestarle atención, hasta que un grito ensordesedor lleno el vacío de aquel lugar, ahí con su rostro más pálido que nunca, se encontraba su hermano menor Sebastián.
Un nudo en la garganta se apodero de ella y lo único que pudo hacer fue escapar de allí, horrorizada, corrío lo más rápido que pudo en dirección a ningún lugar, camino sin destino por las calles de la ciudad con tal desánimo que parecía uno de los inyectados con el MR.
En los próximos días, el edificio entero fue cayendo en una especie de virus que se propagó por toda la ciudad, los contaminados que estuvieron en la zona 0 o piso 9 fallecieron el mismo día en Sebastián recibió la flor de Ema.
La gente usaba mascarillas en la calle, porque según reportaron las autoridades se encontró en la ropa de uno de los cuerpos, una flor de Orquídea y los péritos declararon de que una persona con MR en su sistema, tenía el Sistema inmune muy bajo y ante cualquier alérgeno, como puede ser una flor, pasto, árboles, etc entraba en shock anafiláctico o hipersensibilidad ante esa sustancia. Por eso la vida y naturaleza no eran permitidos en Ciudad Gris.
En el edificio donde vivía Ema sucedió lo mismo, no quedaba duda de que el perfume de la flor que ella con tanto anhelo sembró mató a cientos.
El alcalde espantado al ver como decaía su gran Ciudad,
intentó lo imposible por detenerlos e incentivar a que se realizaran nuevas
pruebas para un MR beta que lograra que el Sistema inmunológico de los individios no se viera afectado. Él mismo, quien nunca se había vacunado entendía que sin la vacuna jamás iban a prosperar
como lo estaban haciendo.
De las más de 10 millones de personas que habitaban
Ciudad Gris, 9 millones estuvieron siendo inyectadas con el MR, de ese número
sólo 5 millones sobrevivieron. De forma rápida la urbe más próspera del siglo
pasó a ser un lugar desolado y aún más vacío.
Todos se marcharon, inclusive Ema, la cual al abandonar su
departamento dejó junto a la ventana a sus Orquídeas, flor que según el arte tradicional chino representa a la primavera o uno de los cuatro nobles.
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