miércoles, 10 de mayo de 2017

Ciudad de Blanes

Luci Carr

El viento mecía y crujían las cajas. Iba a hacer mal tiempo, decían los bañistas ante el ocaso en la preciosa costa de la Ciudad de Blanes.

El viento mecía y crujían las cajas bajo el puente, los roedores carcomían los néctares de la putrefacción y los restos de algún perro callejero que perdido, herido o tuerto iba a parar a la salida del arroyo.

Una niña caminaba, bajo el puente de Blanes impaciente. Su esperanza brotaba a intervalos y ahí estaba, el brillo en sus ventanas, la llegada del sueño con su tren de fantasías. Aparecían las comidas en familia, la chimenea, los cuadernos. Pero miraba sus manos, y volvía el olor, el pesar se colaba en la juguera de la realidad y caía como la bruma que inunda las aceras, el puente, una catedral.

Es cierto, su padre agonizaba junto a la rivera del río que sale a la costa, y pronto no sería ya sino una más de las cajas crujientes, y ella una más de las casas vacías, las chozas desprovistas, una más en la cartola sin nombre de los huérfanos anónimos de la preciosa Ciudad de Blanes.






3 comentarios:

  1. Me gustó, demasiado poético, precioso el contraste de las dos caras de la misma moneda.

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  2. Muy especial esto de que uno puede leerte para recibir una historia interesante, pero también porque sí, como quien come un helado, no para alimentarse sino para saborear. Tras cada palabra hay un tempo, un pulso, es exquisito.

    El primer párrafo tiene algo mágico, el "(coma) decían los bañistas ante el ocaso en...", uno siente que esa frase tiene tintineo, como si las olas del mar lo repitieran en cada venida.
    Repetir el crujido de la caja, esa aliteración es preciosa.
    Veo bien cómo manejaste tu "palabra", has mezclaste, hasta hacer masacote, belleza y fealdad. El ocaso de la preciosa costa, con roedores en putrefacción y los restos de un perro indistintamente perdido, herido o tuerto. Me impacta además que tienes belleza y fealdad no solo en la forma, sino en el tema mismo, la infancia y la cercanía al padre, con ese padre agonizante, y aquel futuro terrible. Tre-men-do.
    Título? Exitazo.

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