Por Carolina Ihnen
“¿Por qué?” Era una pregunta que frecuentemente asaltaba mi
mente en mis aburridos días de trabajo en la boletería “¿Por qué yo?”, “¿Por
qué a mí?”, “¿Por qué el destino me puso aquí?”. Jamás llegaba a una respuesta
satisfactoria que le diera sentido a mi vida, la cual detestaba.
Un día de semana como cualquier otro, me encontraba
ordenando unos papeles algo distraído. Generalmente, en esos días no hay mucha
clientela en comparación con los fines de semana en que las filas para comprar
entradas son muy largas, por lo que estaba solo en la cabina. En eso estaba
cuando llegó una clienta. La atendí automáticamente, de acuerdo a los
protocolos. Me pidió una entrada para una película romántica que se había
estrenado hace unas semanas.
-¿Solo una entrada?- la inquirí, ya que era raro que una
persona fuese sola al cine.
Ella balbuceó una respuesta que no entendí muy bien, y ahí
fue cuando la miré a los ojos y me di cuenta de que estaban llenos de lágrimas.
Fue un instante bastante incómodo, ya que, como a muchos les
sucede, no se muy bien cómo comportarme cuando estoy frente a alguien que está
llorando y que en este caso más encima se trataba de una extraña. Sin embargo,
de algún lugar de mi ser, surgió un impulso que me llevó a preguntarle si es
que quería un vaso de agua. Ella asintió. Me ausente un instante en mi puesto
de trabajo y fui a la confitería, donde me facilitaron un vaso. Una vez con
este en sus manos la chica comenzó a tomarlo de a pequeños sorbos.
-¿Puedo entrar?- preguntó.
-Claro…- fue mi respuesta.
Algo sorprendido le abrí la puerta lateral, por donde
entrabamos los cajeros, y le ofrecí una silla.
Apenas tomó asiento, la chica estalló en un amargo llanto. Estuvo
así por unos minutos, hasta que se calmó. Yo la había estado observando y no
lograba discernir qué era lo que la hacía tan miserable. Físicamente se veía
bien, sana, era bonita, aún con la cara toda hinchada y con los ojos rojos,
también iba bien vestida…
-¿Por qué?- gritó de pronto- ¿Por qué yo? ¿Por qué a mí?
¿Por qué el destino me puso aquí? ¿Por qué?
La miré asombrado. En
ese minuto me di cuenta de que no era el único. Junto a mí se encontraba
alguien que estaba tan atribulado con su vida como yo. Me di cuenta de que no
estaba solo. No era el único que preguntaba “Por qué”. La chica me abrió los
ojos y entendí que casi todos en algún momento de nuestras vidas nos
preguntamos “¿Por qué?”. Esta indagación pasa por muchas cabezas, por infinitas
razones que varían de un ser humano a otro. Saber que no era el único hizo que
ya no me sintiera tan solo como solía hacerlo. Y en cierta forma encontré una
respuesta a mi “Por qué”. Algo torpe, abracé a la chica. Ella no se resistió.
Disfruté mucho que tu personaje fuera hombre.
ResponderEliminarMe gustó la deliberada y voluntaria desidia o indiferencia con la que atiende a la chica.
Le diste un giro súper creativo al lugar que te tocó. No me imaginé para nada que podrías ponerte en el rol de algún chico que trabaja en la boletería, excelente idea.
Disfruté el cuento. Siento que el primer párrafo tiene poca fuerza (sugiero repensarlo), pero es importante que contenga ese espíritu o esas ideas, pues el cuento hace un círculo. Es importante plantear al inicio esas inquietude spara que después los personajes atribulados (me encantó esta palabra!) se conecten. Solo sugiero hacerlo de forma un poco más sutil.
Me gusta la idea de que un civil o cliente entre a la cabina. Como tu cuento de la abuelita, es lindo ver que pones mundos no fantásticos, lejanos, sino posibles, que podrían pasar, están "a un gesto de distancia".
Te felicito mucho por la frase final "(punto) Ella no se resistió", buen recurso, da mucha potencia a ese importante detalle; de cómo reacciona ella.