lunes, 1 de mayo de 2017

A las doce

Por Pablo Rolle C.

Entre los faroles, focos de autos, y grandes letreros de brillantes y variados colores, que opacan hasta la luna, se encuentra una pequeña, poco iluminada y estrecha entrada, en el dintel de esta  se lee en luz de neón, PUBZZ, un pequeño bar solo conocido por unas pocas y especiales personas, personas con un interés común,  que se reúnen por una sola razón, y que probablemente es el único lugar y única situación donde llegarían a encontrarse.

A primera vista, el interior del bar puede parecer corriente, igual a los otros, una barra larga a un costado donde se ubica el cantinero, en los muros varios cuadros de paisajes nocturnos de famosas ciudades como París, Roma, Ámsterdam, y cubriendo el resto del lugar mesas y sillas. Pero este bar es cualquier otra cosa antes que un bar corriente, si miras detalladamente, veras que la barra es en realidad solo una larga mesa rectangular, los cuadros, a pesar de tener las mismas fotos que otros bares, están posicionados en múltiples formas, uno o dos están derechos, dos o tres más de cabeza, algunos ladeados a la derecha, otros a la izquierda, e incluso uno que cuelga del techo entre dos candelabros, y no hay mesa que sea igual a la otra, hay una redonda, una es cuadrada, otra triangular y otras de formas que no podrías imaginar, y todas hechas de distintos tipos de madera, de caoba, de roble, de pino, de fresno. La clientela no pasa las dieciocho personas, y son siempre los mismos, llegan a eso de las nueve de la tarde, cada uno recibe su trago que está ya preparado, todos toman bebidas distintas, uno simplemente toma coca-cola, otro piscola, uno whisky, otro vino tinto, y todos de diferentes edades, veinte, veintiocho, cuarenta y cinco, cincuenta, ochenta y tres años. Nadie conoce a nadie, se dirigen unos a otros a través de seudónimos, el flaco, la niní, el viejo, la rusia, llegan a hablar del día a día, del trabajo en el taller, en la oficina, en el colegio, de cosas que al final de la noche ya no van a recordar, por que, a decir verdad, no les interesa la vida del otro, pero aun así se quieren y se admiran, aunque si llegan a cruzarse en la calle no se van a saludar.

Están allí por una sola razón, por un solo echo, por un solo motivo. Cada noche, después de las doce, se crea algo nuevo, mágico y magistral, y los únicos que llegan a presenciar esto son la clientela del bar. Esa es la razón de que se reúnan, no la bebida, no las personas, no la peculiaridad. Cada noche se reúnen para ser participes de la magia.

Llegada las doce se apagan las luces y las voces, y comienzan la música y el misterio. Participan del trabajo creador por turnos, cada uno formando y desarrollando su propia obra. Nos juntamos a crear magia, tocar música y contar historias. Cada uno lleva su propio instrumento, y a través de las notas, crean maravillas y fantasías.

Pronto, debes elegir, van a ser las doce, ¿estás dispuesto a entrar?, ¿quieres crear, tocar y contar?


1 comentario:

  1. Pablo:
    Nunca un reclamo ha sido tan merecido, gracias por recordarme esta deuda. Acá la pago!

    Lo primero es decirte que yo valoro demasiado que hayas escrito sobre esta pauta. Habla muy bien de ti, en general como persona y alumno, pero también como autor: eres apasionado por esto y eres afanoso y adaptable. Todo tema te acomoda, todo deadline te es posible.

    Algunos comentarios
    -Me gustó el título, me gusta que sea "doce" y no "12:00"
    -Me encantó la entrada; de luces que opacan hasta la luna, muy nítida la imagen que armaste, el nombre del bar es perfecto, el set up funciona.
    -El segundo párrafo es francamente una JOYA, en general la idea que tuviste es fabulosa. Es como que a uno como lector lo ayudaste a "mirar mejor", es como que si en vez de mirar nos obligas a entrecerrar los ojos y apreciar los detalles, ¡y qué detalles, qué creatividad! Disfruté demasiado el ingenio que está por detrás. Amé el hecho de que siempre van los mismos (para mí ahí dije WOW), "la niní", las edades distintas.
    -El párrafo casi final ("Llegada las doce...") genera el mismo efecto que el cuento de Caro Z. y Vale; todo se organiza, todo se explica, todo se articula. Es precioso!

    Podría mejorarse:
    -Redacción del final del segundo hermoso párrafo, suena extraño lo del saludo tal como está escrito.
    -*hecho con h
    -En el párrafo casi final cambias de la voz impersonal al "Nos juntamos a..." y luego vuelve al impersonal "Cada uno lleva su..." sugiero dejar siempre impersonal, pero al final cambiar al nos, pero unir esa frase con la siguiente, que incluye al lector. O sea, ve como queda, pero algo así: "Llegada las doce...obra." Luego "Cada uno lleva su... fantasías" y, tras punto y seguido, no punto y aparte cambias y fusionas las ideas: "Nos juntamos a crear magia, tocar, música y contar historias." y el cierre, algo adaptado, que hace un cambio más, para incluir al lector. Ojo que esa frase final, aunque la conectes como te comento, está un poco impuesta o forzada, suavízala, métela más en la ficción, te invento para que veas a lo que me refiero; menos "Y tú, ¿qué vas a tocar?" y más parecido a algo como: "Queda poco tiempo, nos vamos alistando, ya estás adentro, toma tu instrumento, empezamos a afinar, hora de tocar, crear y contar."

    En serio, me encantó.

    Me pasó algo bien bonito con este cuento: lo recuerdo claramente. Tenía harto tiempo sin leerlo y lo evocaba nítidamente, aún tenía su perfume, aún recordaba su sello e impronta. Muy especial, preciosa idea.
    Muchos cariños!

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