lunes, 1 de mayo de 2017

Narrador sin escrúpulos

Por Hatcher

Fue como cualquier mañana de verano. Me levanté tarde, agarré un libro y me puse a leer. Esta vez leía respecto un mundo antiguo. Donde las oraciones de nuestro narrador te iban cautivando para introducirte a ese mundo rápidamente. Hablaba de una bella ciudad con árboles del tamaño de grandes edificios, criaturas mágicas que no podían entrar a tu hogar ámenos que los invitaras a pasar, y mujeres tan bellas como las mañanas de primavera. 


A medida que iba avanzando por las vertiginosas páginas del libro, pasando por párrafos y oraciones, solamente movía mis ojos: de izquierda a derecha, sin desviarlos en ningún momento. Sabía que la página que venía era dura y le había dedicado tantas horas a este libro que necesitaba mi final feliz. Hasta el momento mi heroína había descubierto el gran método para alivianar el peso de su pasado y la pena que este le traía. Los ocultó en un frasco de vidrio que escondió en su bolsillo con el fin de personificar aquel peso en monstruos y olvidar los tormentos que le traían. Ahora sólo esperaba mi frase final, mi último párrafo. 
Tome un gran respiro y seguí leyendo. Sin darme cuenta, algo sospechoso sucedió, le había llegado un mensaje que venía de imprevisto, un gran vuelco en la historia, en ese momento pensé: me están preparando para la secuela. 
El mensaje decía: "Estoy afuera, ábreme la puerta."
Se tocó el bolsillo no estaba su frasco de vidrio. Solamente había desviado la mirada unos minutos y todos sus monstruos habían escapado de su frágil encierro, dejando libre su pasado.
Se levantó a mirar por el agujero de la puerta. Lo vio a él. Ella lo conocía y se había pronunciado hace unos capítulos atrás. Ni yo le había dado tanta importancia a aquel personaje. Por eso no dudó tanto y abrió la puerta. 
–"¿Me invitarás a pasar?"
–"Pasa"–dijo con una cierta inseguridad.
–"Gracias"–dijo con formando una sonrisa en el rostro.
Fue ahí cuando lo miré fijamente a los ojos, y comprendí que nunca debí permitir su entrada. Segundos después, mi celular sonó. Otro mensaje, está vez de mi mamá: "¿Todo okay? Jorge me dijo que te sentías mal y te quedaste en cama".
Abrí el mensaje y comencé a escribir la respuesta, él me miraba fijamente, pues tenía miedo de que yo escribiera algo que no debía comunicar. Borre el mensaje, odio mentirle a mi mamá.
–"Le responderé más tarde"–dije con seguridad.–"Estaba leyendo un libro y estoy a punto de terminar. ¿Puedo leer dos minutos más?"–al parecer mi voz se fue desvaneciendo y perdiendo fuerza.
–"¿Crees que yo tengo tiempo que perder?, léelo cuando me vaya"–dijo él con cierta firmeza en su voz.–"Ahora ven aquí." 
Me agarro con sus brazos, blancos y a la simple vista debiluchos, con el fin de saciar su propio deseo. 


Lo que sucedió después es historia. Sin embargo, nuestra heroína no volvió a ser la misma y este narrador que contaban estas bellas historias y hermosos paisajes, en una hoja, derrumbó mi utopía. 


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