Eran apenas las seis de la tarde, sin embargo, el cielo estaba tan oscuro
como si fuese medianoche. Los autos, detenidos en medio de su carrera,
descansaban estáticos sobre el asfalto de la calle. Aquellos que caminaban,
volviendo a sus casas o yéndose de ellas, parecían estatuas de cera que alguien
hubiese puesto ahí desordenadamente. Flotaban, congeladas en el tiempo, las
hojas de los árboles a medio caer.
Ella, de piel azulina, danzaba entre los vehículos. Ingrávida, saltaba sin
que sus pies descalzos tocaran el suelo. Mientras, él la cortejaba, abriendo
las alas suavemente, y meneando la cola. Ella parecía acercarse, lentamente,
para súbitamente alejarse otra vez. Él no desistía.
El tiempo había creado una burbuja solo para ellos dos, en donde nada
estaba vivo, excepto aquellas criaturas invisibles al ojo humano, y libres de
las leyes de realidad. Una vez al año, en todo el planeta, aparecían
espontáneamente domos de atemporalidad, en donde las criaturas llevaban a cabo
sus ritos nupciales. Era el único momento
[… ctm son las 19:10 aiuda, ok lo arreglo después]
Espero la continuación, mientras tanto...
ResponderEliminarhttp://m.memegen.com/917411.jpg
http://pm1.narvii.com/6354/b8368a9073a844137b25bd984708b1c4d820c43c_hq.jpg"
EliminarJajaja, reí con la última línea. ¡Bien, Cata!
ResponderEliminarPara mí el cuento nace y toma forma en la segunda frase, cuando el mundo se ralentiza hasta la parálisis y todo lo normal se torna extraño y empiezan a pasar cosas. ¿Qué te puedo decir? La imagen de estatuas de cera desordenadas me encantó, la vi, la sentí.
Ya cuando termines el cuento podremos saber más sobre esas creaturas, pero desde ya te digo que se saborea la fantasía y se está uno cómodo en esa burbuja creada por el tiempo.
Muy agradable, Cata, po'oye.