Por Hatcher
El juego era simple, no reír y mirar directamente a los ojos. Uno de los juegos más incómodos que se me había ocurrido en este último tiempo, creado en el aburrimiento del "hueónodromo" para molestar a la sociedad. Llegue a sentirme como Sócrates, burlandome de aquellas ideas solo para jugar con la mente de las personas y hacerlas dudar de sus más mínimos detalles faciales. Apuesto que si estuviéramos en esa época también me habrían obligado a tomar un poco de cicuta.
El juego consta de tres partes que debes seguir. La primera es buscar a una víctima, si esta es del sexo opuesto, tienes el doble de puntos. En la segunda fase tienes que mirar fijamente a los ojos de tu persona elegida, para hacerlo un poco más entretenido, puedes incluir una sonrisa para intimidar a tu víctima, probablemente ese gesto te ayudará para lograr ganar el juego y llegar al paso tres. Por último, debes lograr que tu víctima desvíe su mirada antes de que tú lo hagas. Si logras este último paso, haz ganado la partida.
Podrás notar que este juego no es para gente débil, ya que perderían a cada momento y esa no es la idea. Por lo tanto debes tener un poco la mente perturbada, o no puedes ganar. Pero te cuento, aun que sólo perdí una vez, no hay detalle que no goce de jugar a esta pelea de miradas. Pero no se te olvide, este juego trae más dificultad cuando es en lugares que frecuentas como la universidad, micro, cafetería, etc.
Vamos al grano ya que no creo que estés aquí solamente para contarte mi manera de entretenerme en cardúmenes de personas. Te contaré esa vez que perdí, no fue una, mentí, fueron más, pero siempre con esa misma sonrisa. La primera vez, torpeza del momento, abrí la puerta de golpe, sin esperar el desafío que casi chocó con mi rostro desvíe la mirada por esa bella sonrisa, que cabe destacar, estaba ruborizada por la torpeza. La segunda vez, caminaba con lentes de sol, cuando te divisé desde lejos me saque aquellas sombras solamente para obtener mi venganza, esa victoria robada. No alcancé a pestañar y ya me habías derrotado nuevamente.
Después de varios encuentros decidí no sacarme más los lentes, la vergüenza por la derrota no es algo que frecuento, y menos haré notar. Muchas veces me desafiaste a jugar, hasta llegue a pensar que gustabas del juego perturbador de las miradas al igual que disfrutabas de mis miradas. Comencé a tener cierto afecto por nuestro juego, solamente contigo. Sin embargo este año todo se derrumbó. La simpleza del juego se complicó, pues había descubierto que por el pequeño mundo en el que vivimos, tu nombre, hasta con apellido, no me atrevo a decirte, pero también tu carrera. Cabe mencionar que a mi historial en el navegador se agregaron las búsquedas de tu nombre por Instagram y Facebook. Pero todo eso para lograr acercarme a ti, conocerte, inclusive me presentaría y todo saldría como lo planee. Como quise que sucediera desde ese día con la puerta.
Después de varios encuentros decidí no sacarme más los lentes, la vergüenza por la derrota no es algo que frecuento, y menos haré notar. Muchas veces me desafiaste a jugar, hasta llegue a pensar que gustabas del juego perturbador de las miradas al igual que disfrutabas de mis miradas. Comencé a tener cierto afecto por nuestro juego, solamente contigo. Sin embargo este año todo se derrumbó. La simpleza del juego se complicó, pues había descubierto que por el pequeño mundo en el que vivimos, tu nombre, hasta con apellido, no me atrevo a decirte, pero también tu carrera. Cabe mencionar que a mi historial en el navegador se agregaron las búsquedas de tu nombre por Instagram y Facebook. Pero todo eso para lograr acercarme a ti, conocerte, inclusive me presentaría y todo saldría como lo planee. Como quise que sucediera desde ese día con la puerta.
Giré la manilla en busca de nuestro tan esperado encuentro. En mi cabeza rondaban ideas de que tu también sabias quien era yo, e ilusiones que derrumbaste, con ese detalle que antes no había advertido. Fuiste tú quien jugaba a ser Sócrates, y por tu ceguera, en mi propio juego me vencías.
ResponderEliminarOh, me encantó. Este es uno de esos cuentos en los que uno no ha ni terminado de leer, ni si quiera vas por la mitad y ya sabes que te gustará, que será bueno (como me pasó con el cuento de la fama de la Cata V.). Qué rico cuando el autor regala momentos así, ¡de puro goce desde el primer instante!
La entrada es excelente. Inmediatamente me atrajo tu cuento, me encanta la idea de ese juego.
Debo decirlo, solté (lo juro) una risa real con lo de la cicuta. ¡Qué bien!
Disfruté mucho el narrador que escogiste, me involucra, es como si me explicara a mí (pero en serio, solo a mí) cómo va este juego. / Una duda que tengo es si el segundo párrafo debe ser tan claro, creo que debe ser un poquito más corto y escueto, para mantener la naturalidad de esa voz que me va contando.
Cuando llega el segundo personaje, la chica que lo vence, el cuento se torna además de simpático, entrañable. Esa voz de él sobre ella es preciosa.
No entendí a la primera, reconozco, pero cuando caché disfruté, ¡buena ejecución! Ahora, según mi interpretación el cuento es bonito y a la vez triste, me quedé con esas emociones.
Mini sugerencias al margen / No priorizo la ortografía, pero estas dos las veo importantes: Poner "O no podrás ganar", no usar el "puedes"; donde dice "haz ganado" va "has".