Por Carolina Ihnen
Llegue agotada al departamento. Tire las llaves a la mesita de la entrada y me miré al espejo. Ahí estaba yo, o más bien mi reflejo, mis ojos se veían cansados. Me desplome en el sofá de la salita y pensé en qué podría hacer, estaba de mal humor y quería hacer algo que me distrajera. Comencé a fijar en las fotos que tenía colgadas por todas partes. Hasta que mis ojos se posaron en una en especial. Era una foto en blanco y negro. En ella salía una mujer muy parecida a mí, aunque en realidad yo era muy parecida a ella. Era mi abuela. El pelo oscuro, los pómulos algo pronunciados, la misma nariz y la sonrisa. Ella era la que me había enseñado a sonreír. Y que gran sonrisa era la que tenía, con esa sonrisa iluminaba el mundo y hacía que todos los que se encontraran a su alrededor también sonrieran. Pero ahora yo casi nunca sonreía. La verdad es que los años me habían ido amargando. Apreté contra mi pecho la imagen y fui en busca de las llaves, con el retrato todavía en mis manos. Tome un bus que me dejó algo cerca de mi destino. Camine unas cuadras y toqué el timbre de una casa. Me abrió una monja que me saludó con mucho afecto. Yo le mostré el retrato de mi abuela y se emocionó. Me hiso pasar a una sala. Estaba lleno de niños. Todos me miraron sorprendidos, nunca me habían visto, ni yo a ellos. No vi ninguna de sus caritas conocidas. Hacía tanto tiempo que no iba que los niños de antaño ya eran adultos. Les mostré el retrato de mi abuela, el que miraron con atención y les conté que ella había sido la fundadora del hogar. Jugué un rato con los niños y de alguna forma reviví mi niñez, a pesar de que no eran las mismas caras. Tomé el bus de vuelta y cuando llegue al departamento mis ojos estaban encendidos y yo sonreía. Y me di cuenta de que ese era el legado de mi abuela.
Me agrada un montón cómo empiezas y desarrollas a este personaje. Ese in media res que haces con el llegar agotada al departamento. El tema de la abuela, la sonrisa ("Ella era la que me había enseñado a sonreír."), el hogar, la fluidez. Es preciosísimo, una ternura que me da una suerte de agradable calor en el pecho.
ResponderEliminarSin embargo, me saca del trance el "llegue", el "tome". Ojo ahí con los tildes.
"Comencé a fijar" ¡uy! Relee, relee, relee.
"En ella salía una mujer muy parecida a mí, aunque en realidad yo era muy parecida a ella" Siento que aquí repites dos veces lo mismo, sin ser realmente necesario.
La verdad, las críticas que te podría hacer, más que de contenido en sí (que me gusta mucho), van a lo técnico.
- No hay párrafos, pocas comas y demasiados puntos.
- Faltan muchos tildes.
- Expresiones innecesarias y palabras repetidas.
Siento que nos saca un poco, que corta la fluidez de lectura. Mejorando eso, puedes llegar a escribir cosas muy muy bonitas.
PD: Por cierto, si quieres, estaría feliz de ayudarte con este tema. Me gusta mucho. Quiero ser editora, después de todo.