Carolina Ihnen
-¿Me podría repetir la pregunta?- dije casi sin vos, sintiendo un frío que me corría por la espalda.
El profesor, algo irritado formuló la pregunta por segunda vez.
No tenía la más mínima idea de lo que me estaban inquiriendo. Traté de salir del paso dirigiendo la pregunta hacia un tema que yo supiera, pero apenas podía hablar.
El profesor me miraba, implacable, no había nada de compasión en su mirada. Y yo me encontraba en blanco.
La tensión se sentía en la sala. Aunque estaba mirando hacia la comisión de profesores que me estaban interrogando, ya podía ver a mi madre aferrada a su rosario, rezando para que saliera todo bien, a mi padre jugueteando con los dedos, como lo hacía siempre que se ponía nervioso. Mis amigos sufriendo en silencio ante mi tribulación.
Un año entero me había preparado para este examen ¿Para qué? Para que me preguntaran justo lo que no había estudiado, aquello que había pasado por alto, lo que nunca pensé que me preguntarían.
El tiempo pasaba y todas las miradas estaban fijas en mí, yo solo podía ver el tedio en la mirada de la comisión. Y escuchaba el tic tac del reloj. Los minutos pasando lentamente y yo ahí, completamente muda y fracasada. Y de pronto el tiempo se congeló, ya no escuchaba nada, todo se volvió borroso y solo sentía como las lágrimas corrían por mis mejillas.
Y entonces en la sala se escuchó un ruido ensordecedor y comenzó a temblar…
Entonces yo abrí los ojos y me encontré con un escenario conocido. El reloj despertador sonaba de manera estridente, me encontraba en mi cama, en mi pieza con todas mis cosas en orden. Me incorporé y suspiré aliviada. Todo había sido un sueño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario