Cuando la conversación se hace más profunda, me es posible ver con mayor claridad estos Mundos. Si soy cuidadoso, puedo influenciar en la superficie, con ciertas palabras, preguntas o comentarios hacia la persona. Si felicitas a alguien con un Mundo similar a un sol, este brillará más; si lo insultas, arderá con más fuerza y perderá luz. Si resaltas la belleza de una mujer, su flora y fauna se exaltarán. Si la criticas, su flora se marchitará y su fauna morirá. Si consuelas un mundo de lluvia, las nubes se disiparán y la superficie será revelada. Una vez se ha revelado completamente la corteza del Mundo, puedo acceder al manto. Estos Mundos no se rigen por las leyes de la física, por lo que, al igual que la corteza, pueden tener cualquier forma. He encontrado mundos que pese a ser soles, su manto son nubes y llueve constantemente. Otros que pese a no tener vida en la corteza, rebosan de vida en su manto.
Pero existen otros Mundos que no pueden ser influenciados de formas convencionales. A veces es necesaria una psicoterapia, o una experiencia de vida para cambiar. Estos tienen formas y tamaños extraños. Recuerdo uno completamente negro. Ninguna luz podía penetrarlo. El sólo mirarlo podía provocar que la oscuridad consumiera tu cordura. Sin embargo, al pasar la corteza, su manto era un pequeño océano, lleno de vida marina. Su núcleo se escondía en las profundidades de este océano, sin duda alguna, lleno de tesoros. Había otro que era el sol más grande y brillante que había visto, te llenaba de alegría sólo por saber que estaba cerca. Pero mi curiosidad me hizo preguntar: "¿cómo eres tan feliz?". Inmediatamente, el fuego se apagó y la corteza se desmoronó, dejando ver un tétrico paisaje como manto. Esqueletos de personas y animales, enterrados en brea. Sin vegetación y lo poco que intentaba surgir, se podría al instante. Completamente decaído y enfermo; no era posible ver el núcleo de este Mundo. Es por esto que aprendí a ser más cuidadoso al intentar influenciarlos. Nunca se sabe lo que puede haber bajo la corteza y menos aún, en su núcleo.
Para pasar el manto, una sola conversación no basta, sólo es posible estableciendo una relación cercana a la persona. Cuando se ha establecido un vínculo sólido, se puede ver la verdadera esencia de la persona, su núcleo. He visto pocos, pero aquellos que vi, me han hecho llorar por lo poco. Animales majestuosos, como un león negro y dorado brillante, ecosistemas maravillosos de animales y plantas que jamás habría imaginado, incluso uno que contiene hermosos manuscritos llenos de historias que envuelven y cautivan tu alma.
Disfrutaba de ver estos Mundos y ayudar a que las personas se sintieran mejor, a medida que influía en ellos. Hasta que un día, miré hacia arriba. Quedé atónito viendo mi propio Mundo alzándose sobre mi cabeza y cubriéndome con una densa sombra. Una esfera negra y metálica, su superficie estaba formada por interminables laberintos, los cuales giraban y rotaban, combinándose y separándose, sin dejar ver nada en su interior. Ocasionalmente, cierta combinación de segmentos de laberinto se separaban y dejaban escapar un intenso hilo de luz azul, sólo para bloquearla inmediatamente al moverse nuevamente los muros. Entrar parecía imposible, pero había ciertas partes de este gran laberinto con las que se podía interactuar, pero sólo a través de acertijos, de idiomas y lenguajes diferentes. Si alguien intentaba pasar la corteza de mi Mundo, se encontraría con tres capaz de estos laberintos, cada uno más complejo que el anterior. Si alguien lograse pasar la corteza, llegaría al manto: un árbol inverso hecho de alambre cubre el núcleo. El que sea inverso implica que las raíces van hacia afuera, conectándose con las paredes del laberinto, y las hojas están cubiertas por las ramas y el esférico tronco. Son las raíces las que generan el movimiento de la corteza. A través de las ramas y pequeñas aberturas del tronco, intensos rayos de luz azules se abren paso. Para atravesar el árbol de alambre, no hay acertijos ni lenguajes. Es el propio árbol el que debe permitir tu entrada, y su voluntad está sujeta a la total aceptación del núcleo. En lo más profundo del árbol, entre las hojas y ramas inversas, se encuentra un pequeño y frágil nido de alambre. En él, una inocente cría de zorzal, color verde agua y semitransparente, reposa plácidamente. Sólo cuatro personas han podido acariciarlo, y una de ellas cometió el error de hacerlo muy fuerte, hiriendo al pequeño. Fue rechazada inmediatamente por el árbol y expulsada por el laberinto, para nunca más volver entrar.
Hoy miro hacia atrás y recuerdo la primera vez que vi mi Mundo. Ahora, el zorzal ha crecido y cada vez que veo un nuevo Mundo, deja el nido, pasa por el árbol, a través del laberinto y vuela hacia la otra persona para ayudarme a comunicarme con ella. Aún me falta influenciar las capas de mi Mundo para que no sean tan hostiles, desenredar el árbol y disminuir los acertijos del laberinto, para que pueda permitir el paso a más gente que me gustaría que pudieran entrar y ver cómo es mi núcleo.
Y ahora que mi zorzal está en tu hombro, cuéntame, ¿cómo es tu Mundo?
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